loading . . . Radiohead en Madrid: no son ellos, soy yo > «Me gustaría que ellos me gustasen más. Pero no hay manera. Quise emocionarme el sábado noche, pero eso es algo que no se puede forzar»
**De las cuatro fechas de Radiohead en Madrid, Carlos Pérez de Ziriza asistió a la última de ellas. Así es cómo vivió el despliegue de la banda británica, desde fuera y desde dentro.**
**Radiohead**
**Movistar Arena, Madrid**
**8 de noviembre de 2025**
**Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA**
**Fotos: ALEX LAKE TWOSHORTDAYS (Foto 1) / CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA (Foto 2 y 3).**
Lo primero, disculpas: no quería emplear un titular ególatra. Tenía poco margen: a la altura del cuarto bolo consecutivo de Radiohead en el Movistar Arena, ya está casi todo dicho. ¿Cómo aportar un enfoque medianamente significativo a tanta crónica? Difícil hacerlo sin recurrir a un prisma muy personal. Hay un segundo motivo, más de fondo: me gustaría que ellos me gustasen más. Pero no hay manera. **Quise emocionarme el sábado noche, pero eso es algo que no se puede forzar**. La predisposición era óptima: gaznate fresco tras cuatro birras, chute de adrenalina recién aterrizado en Madrid sin pisarla durante meses y el abrigo de esas amistades a quienes hace tiempo que no ves. Pero esto es cuestión de piel. Te toca la patata o te deja indiferente. Entras en el ritual o te quedas fuera. Te zambulles o te quedas en la superficie. Es lo que hay.
Era mi primer concierto de Radiohead bajo techo —mis dos anteriores fueron en el marco de sendos festivales muy distintos—, lo más parecido a la prueba del algodón. La mía, vaya. Si no me ganaban para su causa, ya nunca lo harían. Salí prácticamente igual que entré. ¿Fue un buen concierto? Sin duda. Incluso cercano a lo apoteósico, si eres fan. Yo me quedé frío. Lo siento. Me consuela saber que mi incapacidad para convertirme a su credo es compartida por muchos compañeros periodistas, lo que ocurre es que están muy callados estos días. Ni asoman la patita. Bandidos.
Cayeron veinticinco canciones en algo más de dos horas, con un sonido más que competente (a partir de la cuarta o quinta), con Thom Yorke y los suyos completamente entregados y en estrecha comunión con su público gracias también a ese escenario 360 grados colocado en el mismo centro del recinto. Pero apenas tres cortes me impresionaron de verdad: el sereno crescendo de “All I need”, esos ritmos entrecortados de “Separator” que se te incrustan en la sesera y, sobre todo, una arrolladora “There, there”, con la percusión multiplicada por tres (batería y dos timbales) hasta embargar al personal: mi momento favorito de la noche. Tela. De la buena.
> «Thom Yorke y los suyos completamente entregados y en estrecha comunión con su público gracias también a ese escenario 360 grados»
Acogí esos tres momentos como si fueran puntos de inflexión en mi percepción: **a partir de ahora todo va a ir hacia arriba, te dices a ti mismo, sugestionándote. Pues no.** Soy de quienes siempre ha preferido a los Radiohead electrónicos, los de _Kid A_ (2000) —sobre todo— y _Amnesiac_ (2001) —algo menos—. No era noche para eso: tan solo cayeron cinco entre ambos discos (una quinta parte del _setlist_), entre ellas una “Idioteque” excesivamente madrugadora, solvente, pero sin el punto de maravillosa locura con que la recuerdo de su paso por el FIB 2002. Pólvora ligeramente aguada.
Aclaro: nunca entenderé la crítica musical como un ajuste de cuentas personal, ni como la destilación de traumas postadolescentes, ni como la depuración de problemas de identidad no resueltos, ni tampoco como la (hiper) ventilación de fobias singulares. Creo que así la entienden la mayoría de compañeros, afortunadamente. De hecho, me hubiera encantado salir del Movistar Arena el sábado con una sonrisa de oreja a oreja. Pero**leo estos días en redes sociales a gente muy respetable decir que Radiohead son la mejor banda del siglo XXI, y no doy crédito.**
Les tengo profundo respecto. Hacen lo que es da la gana, han madurado un estilo muy propio (que a estas alturas ya nadie osa imitar) y priman siempre el interés meramente creativo por encima del comercial. Músicos de mucho fuste, empezando por el superlativo Johnny Greenwood. Pero muchas de sus canciones me siguen pareciendo bocetos a medio hacer, letanías circulares —qué abuso del falsete por parte de Yorke, por cierto— que navegan a la deriva, y cuyo puerto de atraque me sigue resultando un misterio: no entiendo qué me están queriendo transmitir. Morosos circunloquios sin principio ni final. Muchas otras me suenan simplemente a rock progresivo con producción contemporánea. Y ya sabemos cuándo se inventó el rock progresivo.
**¿Son experimentales, rompedores y vanguardistas?** Me temo que solo para quienes prácticamente nunca escuchan música experimental, rompedora y vanguardista. Creo vislumbrar la clave de su calado popular: la desazón finisecular de los noventa, la resaca tras la indigestión del complaciente britpop, la paranoia de una vida mediada por la tecnología, la alienación de esta posmodernidad que nos trae a todos como puta por rastrojo. Vale. Lo capto. Como bien dicen algunas voces (sin ir más lejos, el compañero Yeray S. Iborra en el libro colectivo _C. Tangana: del rap crudo a la alfombra roja_ , que leí al día siguiente en el tren de vuelta a València), hay dos formas de trascender: cosechar éxitos en forma de un puñado de canciones memorables o transitar temas de suma importancia para el común de los mortales. A Radiohead, y ya lo siento, solo alcanzo a concederles la segunda. No recuerdo que me ocurra algo similar con ninguna otra banda de su estatus.
> «Músicos de mucho fuste, empezando por el superlativo Johnny Greenwood. Pero muchas de sus canciones me siguen pareciendo bocetos a medio hacer, letanías circulares»
¿ _OK Computer_ (1997)? Nunca conecté emocionalmente con él.**Me amuerman sus letanías apesadumbradas y tortuosas,** y os aseguro que no es no por letanía ni por pesadumbre: creo que podría impartir una _masterclass_ sobre rock taciturno, melancólico y lúgubre de los años noventa, desde el slowcore al sadcore, y no presumo de ello porque, a veces, uno desearía no haberse solazado en charcas tan cortavenas, que tampoco hemos venido aquí a autoflagelarnos más de la cuenta. Que para palos, los que ya nos da la vida. Y para letanías, prefiero infinitamente las de Low, Yo La Tengo, The Innocence Mission, Spiritualized, Cat Power o The Dirty Three. Incluso —oh, herejía— las de The Smile, su polirrítmico apéndice.
Y la verdad, tampoco es cuestión de ahondar en la perniciosa influencia que tuvieron Radiohead sobre el lánguido y amanerado pop británico de finales de los noventa y primeros dos mil (está feo dar nombres), porque tampoco podemos culparles, que eso sería capítulo aparte: Standstill o Arcade Fire tampoco tienen la culpa de que sus sueños engendraran monstruos en forma de indie profiláctico y/o épico. Creo sinceramente que “Paranoid android”, uno de los puntos álgidos de su bis y de todo su repertorio, es el “Bohemian rhapsody” del rock alternativo de los noventa: el tipo de canción que hubieran facturado Queen si Freddie Mercury hubiera seguido vivo y con ganas de ponerse al día. ¿Están Radiohead muy sobrevalorados? No seré yo quien lo diga (o no te digo _ná_ y te lo digo _tó_): el valor que puedan tener es el que cada uno de nosotros queramos darles. Al final, no hay más.
__ https://www.efeeme.com/radiohead-en-madrid-no-son-ellos-soy-yo/