loading . . . Eso no es Madrid **Carlos Hidalgo**
Una de las cosas en las que el PP es experto es en tratar de usar sus siglas como seña de identidad de las regiones en las que gobierna. La imagen de lo que debe ser un gallego se encargó de definirla Fraga en su larga presidencia de la comunidad de Galicia, el PP castellanoleonés se ha encargado de dejar clara la imagen de que la población de su comunidad es como ellos: arrogante, adusta, antipática e inevitable. En Valencia hicieron grandes esfuerzos por absorber el llamado “blaverismo”, una ideología que define la valencialidad como opuesta a todo lo catalán. En Navarra ya sabemos: carlismo españolista, Opus Dei y oposición a todo lo vasco. Y así podríamos seguir comunidad por comunidad, en las que han implantado una identidad regional hecha a medida de ellos y que tacha de menos auténticos a quienes (con todo el derecho) no simpatizan con el Partido Popular.
Desde los tiempos de Esperanza Aguirre y ahora, con Isabel Díaz Ayuso, se ha hecho algo parecido en Madrid. Se impone una forma de ser madrileño basada en el comportamiento del PP de la Comunidad: macarra, forzadamente castizo, caradura, aprovechado, con evidente desprecio a lo común y confundiendo interesadamente la maldad con la inteligencia.
El madrileño ideal del PP tira los papeles al suelo, arma ruido en las terrazas con evidente desprecio a los vecinos, trapichea para no pagar impuestos, es insolidario, aprovechado, servil con los adinerados y arrogante con el servicio. Es “canalla” vestido de Barbour y no va las misas por compartir los ideales cristianos, ni a los toros por el arte descrito en el Cossío, sino porque eso fastidia a sus vecinos, a los que se les priva de la condición de madrileños por no hacer el borrego estruendosamente con una caña de Mahou en la mano.
Esto no solo pasa a nivel de Comunidad. También pasa a nivel del Ayuntamiento, donde el nefasto Martínez-Almeida Navascués nos quiere hacer creer que vivir en Madrid ha de ser sudor, esfuerzo, incomodidad, polución, una jungla sucia y llena de obras absurdas en las que los más fuertes se mueven como peces en el agua a bordo de sus SUV de combustión.
Plantearse que tal vez vivir en la ciudad no ha de ser un infierno, que los servicios públicos han de hacer mejor la vida a la ciudadanía, que acudir al hospital La Paz no ha de parecerse a una escena bélica, sino acudir a una sanidad fiable, pública y universal, les rechina demasiado.
Madrid, para ellos, ha de ser una combinación de escenarios dignos de aparecer en Instagram con eventos idiotas en los que se cobre entrada, como la feria de la hamburguesa, la feria de las tartas de queso (_cheesecake_ , dirán para que suene más _cool_), meninas clónicas de fibra de vidrio pintadas con motivos vulgares y, en el colmo de los colmos de la idiotez, hasta la propia feria de Abril de Madrid, llamada “Madridlucía” que, gracias a los hados, ha tenido que ser cancelada porque la capacidad de gestión de los “populares” madrileños es inversamente proporcional a su gusto por las horteradas. Pero nos queda la Fórmula 1, uno de los deportes más corruptos que existen, cuyos campeonatos en España siempre han sido ruinosos para lo público, molestos para la población en general y muy rentables para unos pocos, empezando por la FIA. A los madrileños se les ha prometido que la F1 no les costará un duro, pero a quien seguro que no les va a costar nada va a ser a los prebostes de la FIA, que se llevarán unos cuantos millones que, directa o indirectamente, saldrán de las arcas públicas.
Nada de eso es ser madrileño y, sinceramente, como elemento constructor de una identidad regional, produce más vergüenza que orgullo. Además, la vergüenza de tener a Ayuso como máxima representante de la región solo está sirviendo para que el resto de España perciba a la gente de Madrid como unos arrogantes catetos, que se pasean por el resto de España exigiendo que les atiendan primero en todas partes.
Además de votar, además de protestar contra la incompetencia del PP madrileño, hay que plantearse también la reivindicación de que uno es madrileño como le da gana. Y enfrentar ese falso sentido de la libertad y de la identidad basados en venerar a marcas de cerveza, con las maneras de vivir y convivir en las que uno busque lo mejor de sí mismo y de los demás. Y la reivindicación de que la región, la autonomía, el ayuntamiento, están para servir a los ciudadanos y no al revés.
Feliz 2 de mayo. https://debatecallejero.com/eso-no-es-madrid/