loading . . . El Dilema, de José Luis Rodríguez Zapatero ## _El Dilema_ , de José Luis Rodríguez Zapatero
Por Andrés Boix Palop | 24 Comentarios »
ZP mira, preocupado, al futuro que espera a nuestro país ahora que con él ha desaparecido la ética de la responsabilidad entre los que mandan
Dicen los libreros a los que LPD ha preguntado haciendo trabajo de campo (es decir, dicen tres libreros amigos) que el libro de ZP es, con diferencia, el único que se está vendiendo “algo” de la tanda otoño-invierno 2013 de memorias de políticos españoles. Los competidores principales, tanto Pedro Solbes reivindicando que él sí sabía, que era ortodoxo antes de que todos nos hiciéramos ortodoxos, que levantar aceras para poner baldosas nuevas no lo acababa de ver como “nuevo modelo productivo” pero que como el Scattergoris no era suyo, pues poco podía hacer y todo ese rollo; como José María Aznar con su enésimo tomo de memorias (sinceramente, ni idea de por cuántos vamos) dedicado a contarnos que él nos guio por la senda del bien y de los músculos correctamente perfilados, trabajaditos pero sin pasarse, eh; así como algún otro que pueda haber por ahí, al parecer, no están dando la talla en materia de ventas. El bueno de Rodríguez Zapatero, en cambio, con ese regusto de fondo que nos ha dejado a la hora de la verdad a casi todos de que es el menos impresentable éticamente de los presidentes de Gobierno que hemos tenido (como mínimo, hasta que alguna empresa eléctrica lo rescate para algún consejo de administración o algo así y una vez más los cínicos acaben teniendo razón en este país), pues sí vende algunos libros. Sin ir más lejos, nos ha colado un ejemplar a nosotros que, además, en un estadio superior de gusto por el riesgo y las emociones fuertes, y a diferencia del 90% de los compradores de este tipo de obras, nos hemos leído.
¿Que por qué nos hacemos esto a nosotros mismos? Pues porque en la vida llega un momento en que uno ha de solidarizarse con los demás. Y si tenemos a Guillermo leyéndose completa la saga de Juego de Tronos, por ejemplo, o a muchos de nuestros lectores todavía en estado de shock tras haber sido nosotros en parte responsables de haberlos hecho adentrarse en las procelosas páginas ensayísticas de Muñoz Molina sobre la crisis, la responsabilidad institucional le obliga a un humilde servidor de ustedes a estar a la altura de esa trayectoria. De modo que estas Navidades me compré el libro de ZP, el de César Molinas, el de Lucía Etxebarría y preordené el de Garicano que al fin salió a la venta hace unos días. A medida que fueron llegando, como un candidato del PSC que ve cómo se acerca la fecha de las próximas elecciones, fui siendo cada vez más consciente de cuán dura e irreversible era la situación. La cosa se ponía peor día a día, paquete de Amazon a paquete de Amazon, y había que elegir por dónde empezar. Pero ni siquiera en las peores circunstancias uno tiene que dejar de afrontar lo que es su deber con toda la entereza de la que sea capaz. Así que, inspirado por la ejecutiva de Navarro y con la esperanza de llevar mi vida al mismo precipicio al que ellos llevan a su partido, confrontado ante este particular dilema (no el de Rodríguez Zapatero, el mío), ¡zas!, opté por lo que haría todo español de bien en una tesitura así y me decanté por empezar esta ronda de bajada a los infiernos por el libro que, sin duda, sería el que hablaría mejor del Rey (hay que aclarar que en Navidades todavía no estaba disponible el de Garicano y no era posible por ello saber que en su “dilema” de cambio radical para España, al parecer, la Monarquía es de lo poco que se salva sin cambios mayores), así que me puse a leer a Rodríguez Zapatero. Obviamente, las reflexiones que siguen son la mejor prueba de que obrar así fue todo un acierto porque nuestro querido presidente del “No nos falles” cumple con todas las expectativas que uno pueda hacerse a priori respecto de cuáles van a ser su peculiar visión de la crisis y su juicio sobre la manera en que la afrontó.
Hay que comenzar diciendo, en primer lugar, que es de justicia agradecer muchas cosas a Rodríguez Zapatero respecto de su libro. Porque lo haya escrito él (porque esa prosa buenista, por cargante que sea, donde toda reunión o decisión es trascendental e incluso no pocas veces “trascendente” sólo puede haber salido de su mano) pero sobre todo, la verdad, porque no haya hecho unas memorias al uso (vean, por ejemplo, el tostón que nos pretende endilgar Aznar, que ni sus más acérrimos admiradores soportan, estilo PP Bono) sino que, con buen tino, ha optado por explicar sus decisiones políticas respecto de cómo afrontó los problemas derivados de una situación concreta: la muy comprometida situación económica que, según cuenta en el propio libro, él considera que empieza en otoño de 2008. Por seguir con el ejemplo de Aznar, habría sido mucho más interesante que el Hombre se largara un librito sobre la Intervención Humanitaria Conjunta que tanta gloria dio a nuestro país como a Occidente en general, que nos sacó del Rincón de la Historia y que afianzó sus firmes convicciones de que debía mejorar su _tex-mex-english._ Habría sido, sin duda, un libro mucho más interesante que todos estos que está sacando y nos habría dado momentos freudianamente deliciosos cuando nos relatara sus anécdotas en tanto que amigo y compinche de Bush y su proyección como Líder en la Sombra del Mundo Libre. Más o menos, aunque con menos aparato pirotécnico psiquiátrico, lo que ocurre con el libro de ZP, lleno de deliciosos actos fallidos donde se refleja su vocación de perrito faldero de Merkel y, sobre todo, de Sarkozy, que al parecer le pasaba la manita por el lomo con más cariño que la alemana. Esta es, de hecho, una de las notas más interesantes del libro. ZP quería mucho a todos los “líderes mundiales”, los adoraba como sólo se hace con las estrellas lejanas, a juzgar por lo que escribe de ellos cada vez que aparece uno. Pero, ojo, no desde lejos, en su caso, sino desde cerquita, porque él los ha tratado y sabe que son “personas humanas” de mucha categoría. Da un poco de grima en general y sobre todo cuando se refiere a Sarkozy, quien por lo visto le llamaba, incluso, de vez en cuando, para charlar o para pedir algo. Ahí aparece en ZP algo que todos hemos visto cientos de veces a lo largo de nuestras vidas. Pues si eres español, como es sabido, en tu ADN está que no puedes dejar de tener orgasmos múltiples pensando en que alguien con poder te haga casito, aunque sea para encargarte un recado chungo e indigno o para darte una colleja. Es algo en lo que nos educan desde pequeños y por eso en este país siempre se han llevado los pantalones con rodilleras, ya sea por necesidad o por moda, incluso después del franquismo. Desde que el macarra de clase te admitía en su grupo para que fueras a pegar a otros a cuando el concejal de fiestas populares de tu pueblo te invitaba a una cerveza para darte una subvención a cambio de que toda la agrupación de fiestas les votara y con eso ya te sentías parte del club de los elegidos para siempre… y, así, hacia arriba. La patología, como es manifiesto, sólo la cura convertirse en alguien con los músculos de Aznar (lo que tiene otros costes psicológicos no menores como consecuencia) o en juez de la Audiencia Nacional (aunque en este caso, la _kriptonita_ en forma de banquero sigue haciéndote flaquear), pero al parecer no basta ser Presidente del Gobierno para que se te pase, como el propio caso de Aznar, antes de estar musculado, puso también (y tan bien) de manifiesto. Así que ZP se pasa el libro contando lo maravilloso que es todo el mundo que manda, lo sabios que son, lo listos, lo preocupados, lo buena gente… mientras se nota que ha disfrutado como un enano pudiendo estar sentado con ellos en la mesa a la vez que, en términos políticos, se ponía guantes blancos para servirles la merienda. Ahora bien, con Sarkozy la cosa ya alcanza cotas ciertamente indecentes. Sarkozy esto, Sarkozy lo otro, qué gran hombre Sarkozy, qué gran amigo de España, él solo contra la crisis capitalista, qué en cuenta tenía mis aportaciones, es un gran hombre, él sí sabía que España es importante, valoraba nuestras opiniones y lo mucho que somos y significamos como nación, sabía que yo era vital para ayudar a resolver los problemas de Europa y, por lo demás, oye, su mujer un encanto, eh, de verdad, que se nota que es un hombre culto y atractivo y que ellas le saben ver sus cualidades, claro…
En el fondo, y como pasa con esto de Sarkozy, el atractivo del libro de Rodríguez Zapatero reside en que todo él se puede leer como una especie de estrategia para superar un trauma, recetada por algún psicólogo amigo (“venga, José Luis, sácalo de dentro”) que acaba como gran acto fallido. Está construido sobre la premisa de explicarnos, a todos, que se enfrentó, como su título indica, a un gran dilema aparentemente de mucha enjundia moral: o puteo a los españoles a base de bien o me miran mal los de Europa y los mercados esos (pero sobre todo los de Europa de los que quiero hacerme amiguito porque son los líderes esos tan guays que tengo más a mano). Y, claro, como fue profesor asociado de Derecho constitucional y seguidor de Felipe González en su día, tan enjundioso dilema moral lo resuelve sacando a pasear la ética esa de la responsabilidad cada dos por tres. Así que ya se pueden hacer una idea: teníamos un proyecto, vino una crisis que nadie esperaba y, en esa tesitura, tuve que hacer lo que tuve que hacer, convencido de que era lo mejor para el país y para no romper el euro, Europa, el mundo y provocar no sólo maremotos gigantes por doquier sino también incitar a una invasión alienígena… por mucho que sabía que eso no era lo que mis votantes, ni la mayoría de los ciudadanos, querían. Hasta aquí, la verdad, todo bien. Para evitar una invasión alienígena, ¿qué no haríamos todos si estuviera en nuestra mano detenerla aunque fuera a base de sacrificios rituales? El problema es que, a lo largo del libro, este discurso queda muy debilitado por las propias razones que el propio Rodríguez Zapatero va dando una y otra vez, empeñado en explicarnos que ni la economía española estaba tan mal, ni la banca española estaba tan mal (es más, el tipo, a estas alturas, sigue entrañablemente empeñado en sacar pecho respecto de lo bien que estaba el ya mundialmente conocido como “sistema financiero más sólido del mundo”, joder, que se lo decían MAFO y todos esos, que saben mucho)… y sobre todo por su empeño en reiterar, una y otra vez, que la aproximación correcta para salir de la crisis no es la que finalmente se adoptó en Europa (y que él apoyó e implantó en nuestro país… por responsabilidad), con un maravilloso epílogo que nos explica que “esto no está funcionando, como yo sabía que iba a pasar desde un primer momento”. Aquí, entonces, a cualquier persona con dos dedos de frente le empiezan a saltar las alarmas. Porque, ¿qué ética de la responsabilidad es esa de luchar contra una invasión alienígena que dices que no existe en realidad haciendo sacrificios rituales que tú mismo dices que ni sirven ahora ni servirían en caso de invasión alienígena y que, además, afirmas a continuación que desde un primer momento has considerado que son medidas equivocadas y contraproducentes que van a generar mucho dolor y sufrimiento innecesarios? Pues ya se lo explico yo, aunque no lo cuente Rodríguez Zapatero: la ética de la responsabilidad de Weber en traducción al español, donde _Verantwortungsethik_ aparece siempre en el diccionario definida como una de esas palabras alemanas compuestas largas que expresan con un solo concepto una idea que en español se tiene que explicar utilizando una frase entera: “nene, tú haz lo que te diga quien manda para que esté contento contigo y así no meterte en líos con los mayores”.
Asumido este prisma, a medida que uno va leyendo el libro, no puede negarse que Rodríguez Zapatero lo explica casi todo suficientemente bien para que todos lo entendamos. Tiene incluso la narración momentos deliciosos, como eso que cuenta al principio de que en los Consejos de Ministros de antes de 2008 (cuatro añitos de gobierno, como si nada) no habían tenido ocasión de ocuparse de esas tediosas cosas de los números y de la economía. Por lo visto quedaban los viernes y discutían del partido de fútbol de la Champions y de la jornada de liga que venía, se enzarzaban en alguna bulla dialéctica sobre si era mejor el café o el té, si debían cambiar de proveedor oficial y comprarlos de comercio justo o sobre el color de las cortinas de la sala, mientras se pasaban unos a otros la última recomendación sobre un producto Hacendado “que a pesar de ser de marca blanca tiene una calidad brutal, es más barato y mucho mejor que lo que venden en el supermercado de El Corte Inglés, te lo digo yo”. Luego, hacia el final, se ponían a distribuir dinero, tras preguntarle a Solbes si había algún remanente y que éste les dijera que sí, que vale, pero que sin pasarse, que en el Banco de España y en el servicio de estudios del Ministerio pensaban que era mejor ir preparando un aterrizaje suave y eso. ¡Joder, esto es gobernar, que somos unos campeones! Luego llegó la malvada crisis, pero ya estaba Sarkozy para lidiar con ella y, lo que es más importante de todo, para luchar por un puesto permanente para España (y con ello para nuestro presidente) en el G20, lo que es una demostración acabada de su altura como estadista y de que tenía los problemas del mundo en la cabeza. Y, claro, pues ya si eso, también hubo que pensar algo en la economía. Pero no mucho, no crean. Los mayores estaban al cargo y nosotros obedecíamos, con el piloto automático. Hasta que llega ese mayo de 2010 de infausto recuerdo pero de tan divertida lectura en estas memorias de Rodríguez Zapatero.
ZP se empeña en contarnos, como prueba de que lo que pasó a partir del 10 de mayo de 2010 fue muy malo, muy injusto y un error (macho, un error liderado por ti, por “ética de la responsabilidad”… ¿a pesar de que pensabas que era un error?), que el mismo viernes anterior a ese fin de semana el Consejo de Ministros había dedicado otros mil y pico milloncejos de euros extras a “políticas sociales, que son lo más importante y lo que quedará de mi legado”. Por lo visto, ese heroico acto de compromiso con el gasto unas horas antes de hacer unos recortes salvajes (por ponerlos en perspectiva, Rajoy no ha recortado en todo lo que lleva de legislatura ni la mitad de lo que recortó el gobierno de ZP en un fin de semana) es demostración de tener todo controlado y ser consciente de cuál era la situación. O algo. En todo caso, el relato, con las llamaditas de Biden, de Merkel, el apoyo de Sarkozy (distante, esta vez, porque a él también le afectaba la ética de la responsabilidad esa, al parecer) es enternecedor. También lo es el empeño de Rodríguez Zapatero en situar a Salgado como una mujer con peso específico en Europa, que se había ganado el respeto y la admiración de todos por su pericia y conocimiento técnico y que llevó a cabo una negociación infatigable y muy exitosa… a la vez que el libro va contando cómo cada “éxito” de la negociación en cuestión se saldaba con que desde Berlín y Bruselas decían, simplemente, “no, recorte Usted un poquito más” y así hasta que Salgado, embriagada por esta sucesión de victorias negociadoras, pudo arrancar el compromiso a los europeos de que recortaríamos todo lo que ellos consideraran. Un exitazo negociador como no se recuerda desde que intenté regatear en un mercadillo y acabé pagando lo que me pedían al principio, llevándome más productos (también conveniente pagados) y dando las gracias por la atención.
A partir de ahí, bajada a los infiernos. ZP cuenta cómo se discutió luego internamente, entre sus colaboradores (el Consejo de Ministros, ya se sabe, está para eso de las cortinas), cómo repartir el esfuerzo de los recortes y muestra con una sinceridad aplastante que hay que reconocerle que la población activa y joven, los que le gritaron eso de “no nos falles” en su día, se la pela olímpicamente porque tienen más años por delante y votan menos con la cartera que los jubilados y señores en edad de retirarse en la próxima década, a los que juzga que no se podía dejar desprotegidos en ningún caso por ello, cobraran lo que cobraran, porque tener diez veces más pensionistas que cobran más de 2.000 euros al mes que Alemania es “cohesión social” y en cambio los salarios bajos y unos funcionarios con recortes “garantizan competitividad”. Nada, en definitiva, que pueda sorprender a quien conozca este país.
Más allá de eso, una constante en esto de los recortes hechos por responsabilidad. ZP cuenta con bastante tranquilidad que sus preocupaciones principales eran, por este orden: 1. Obedecer, se pensara que era adecuado o no lo que se hacía. 2. Paliar las consecuencias para los ciudadanos, de esta obediencia, no tanto porque se considerara justo o no (o mejor para la economía) como por las posibles consecuencias electorales. 3. Encontrar unas cortinas bien monas. Este orden de prioridades explica que los recortes obliguen a una esquizofrenia política, que el libro también refleja, consistente en decir a Europa que sí, que tienen razón, que todo muy bien y, a la vez, tratar de esquivar internamente muchas medidas, ponerse a silbar y decirles a los electores que lo que hay que hacer entre todos desde España es “hacer como que recortamos, pero luego que de verdad sea que no, pero intentando que no se note mucho que no”. Una línea política que, dada su brillantez, el posterior gobierno de Rajoy, claro, no ha tenido más remedio que copiar y expandir.
El libro, pues, es muy edificante sobre cómo se construyen las grandes orientaciones políticas en estos tiempos nuestros. Al menos, en nuestro país. Es todo cutre y chungo, pero no puede dejar de agradecerse que ZP, dentro de lo que cabe, lo cuente con cierta transparencia y sinceridad. Todo ello está aderezado además de divertidas anécdotas involuntarias que explican cómo es la psicología de nuestras elites y cómo funciona el poder y su española contraparte, el palanganerismo. Palanganerismo interno, como cuando ZP nos cuenta que nadie le propuso, en el primer tajo de recortes, el de mayo de 2010, eliminar el cheque-bebé, porque como en su día lo había propuesto él en persona… pues eso, que les daba cosa tocar el delirante diseño presidencial. ¡Así de leales y buena gente eran mis colaboradores!, interpreta ZP. O palanganerismo externo, que le supura por todos los poros, como cuando cuenta, con toda la naturalidad del mundo, que los dirigentes de los fondos de inversión privados americanos con los que se reunía para que compraran nuestra lozana deuda exterior tenían, ante todo, dos grandes prioridades: el respecto a la propiedad intelectual en España y cómo tratábamos el tema de las renovables, mientras que prácticamente lo demás de la situación española, incluyendo sus perspectivas macroeconómicas o su sector financiero les daba igual, como es normal. De modo, claro, que cuando te repones del ataque de risa, empiezas a cuestionarte hasta qué punto no es bonito poder pensar así. Sin duda, sirve para ser feliz y que los jefes te quieran mucho en el trabajo.
En definitiva, que mejor que se lo lean Ustedes, máxime ahora que su Borbónica y Entregada Majestad está en horas bajas. Porque siempre sube el ánimo saber que Rodríguez Zapatero considera al Rey el primer y mejor servidor de España, que lo apoyó en todo momento, que está siempre pendiente de los más desfavorecidos y del futuro de la Patria, que no duerme pensando en las dificultades que pasan cada vez más españoles por llegar a fin de mes y que, en definitiva, es un gran hombre, un puntal, que está ahí, vigilante, protector, aconsejando y ayudando al Gobierno de la Nación a guiar con mano firme la nave, rectificando levemente el rumbo si toca y con un ojo siempre pendiente del timón, por lo que pueda pasar. No sólo es que sean siempre páginas muy bonitas las que ZP dedica al monarca (con mención especial a su confesión de que en medio del lío de mayo de 2010 en realidad lo que más le preocupaba era que quedara bien en prensa todo el tema de la operación por el “nódulo en el pulmón” del Borbón, porque lo importante es lo importante), es que también se queda uno, después de leerlas, mucho más tranquilo.
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