loading . . . Breslau – (Disney+, 2025) ## Breslau – (Disney+, 2025)
Por Carlos Jenal | Deja tu comentario »
En nuestro intento de elevar a Polonia como “Escandinavia honorífica”, ya hemos visto varias series policiales en los últimos años. Y la cosa no termina de cuajar. Demasiado catolicismo remanente, demasiada fe en que al final del todo nos aguarda algún tipo de salvación, frente al protestantismo escandinavo que cae en el nihilismo más atroz al no encontrar sustituto para Dios en el mundo realmente existente. Chyłka es la que más se acercaba, pero sin llegar del todo. Así que yo ya estaba por dar a Polonia por imposible y dejarla para una Quinta Partición entre HBO, Amazon Prime y Movistar+ (¡que no se diga que no apoyamos el producto patrio!), pero hete aquí que Polonia ha producido una serie combinando crímenes con nazis. Y encima localizada en Wrocław/Breslau, “Breslavia” para quienes no queremos meternos en peleas y recurrimos al latinismo original.
Breslavia es la capital histórica de Silesia, que a su vez era una región poblada de alemanes católicos y gobernada desde Viena. Al menos, hasta las Guerras de Silesia, en que se la embolsa Prusia y pasa a ser gobernada desde Berlín (una ciudad, para añadir mofa al insulto, que históricamente había sido bastante más pequeñita e inculta que Breslavia, piensen en como un salmantino, un gaditano o un emeritense deben sentirse al verse gobernados desde Madrid), y la población urbana pasa a ser más y más protestante. Para 1936, que es cuando tiene lugar la serie, los luteranos ganan 2:1. La población polaca, o más exactamente “de lengua polaca” en los censos, es bastante reducida. De hecho, alrededor de un 3% de la población es judía, la tercera comunidad más grande del Reich. ¡Breslavia en este momento es más israelí que polaca!
Luego, pues viene lo que todos sabemos, que en el caso de Breslavia llevó a una resistencia numantina de la guarnición de tres meses hasta casi el fin de la guerra y que dejó la ciudad en ruinas, y posteriormente la expulsión de todos los alemanes y su sustitución por una mezcolanza variada de gentes expulsadas del otro lado de la Línea Curzon, a los que se asentó en una especie de _terra nullis_ para crear con ellos un territorio polaco con polacos de toda la vida, si bien algo demasiado progres para el gusto del PiS. De hecho, hasta les ha salido un movimiento autonomista. ¡Nacionalismo de la nación silesiana, unidad de destino en lo universal desde la noche de los tiempos de hace 80 años!
**Al lio**
La serie arranca con la sentencia a un asesino/abusador de niños, que sin embargo va tan campante porque sus conexiones le van a permitir irse, si bien no de rositas, sí con poca pena y además en un sanatorio en vez de la cárcel. El prota principal, el comisario Franz Podolski, se mete con él en el furgón, y, _oopsi_ , si te has liberado de las esposas y llevabas una navaja encima con la que me atacas y me causas una hemorragia nasal, pues nada, voy a tener que meterte un tiro en la cabeza en legítima defensa.
La “defensa propia” no convence del todo, y tres meses más tarde Podolski sigue suspendido de empleo y sueldo mientras se investiga lo suyo. Pero hete aquí que en Berlín se acercan los JJOO, la delegación polaca se aloja en Breslavia, y una trabajadora sexual y una de las estrellas polacas -judío para más señas- aparecen ambos asesinados con extrema saña en el hotel de la delegación. Estamos en una fase “somos un país amante del orden y de la paz” del régimen nazi, y este doble asesinato es algo que queda así como mal, así que las SS hacen de tripas corazón y le ofrecen a Podolski la rehabilitación a cambio de resolver el caso lo antes posible.
Las SS, tengámoslo claro, son los malos, y como muy tarde en el segundo episodio (de 10) ya nos presentan al hijo del _Obersturmbannführer_ local como posible culpable. Encima, para remarcar la maldad de las SS ante un público polaco, dichas SS organizan una exposición arqueológica que demuestra que Breslavia “ya era germana hace 2000 años”.
**Interludio: ¿de quién es Breslavia?**
Sobre esto último: buff. HABER: sí y no. Hace 2000 años, el territorio seguramente estaba habitado por germanos. Puede incluso que por tribus godas, como dicen las SS, pero estaríamos hablando de una población de medio habitante por kilómetro cuadrado como mucho, y a lo mejor la única evidencia para un siglo entero es media cerámica “goda” (que tampoco sabemos si la hizo un godo allí mismo, o si en la mitad que falta ponía “Recuerdo de Benicàssim [made in PRC]” y se la trajo un eslavo de otra parte). Dichos godos, además, pronto emigraron al sur (y nos trajeron a nuestra sin par aristocracia española, pero que estamos encantados de devolverla a Silesia si quieren, eh, ningún problema) y dejaron el terreno baldío para una inmigración eslava… que probablemente se fusionó con los abundantes germanos remanentes, los cuales sacrificaron sin problemas su ridícula identidad racial y su dialecto con 300 gruñidos proto-germanos por otra ridícula identidad racial y otro dialecto de 300 gruñidos proto-eslavos. Que no hablamos de “naciones” sino de tribus que todavía se recuperaban del impacto cultural de la cerámica cordada, señores. Así nos tiramos el Bajo Medievo, hasta llegar a los siglos X-XIII, en que los alemanes empiezan a empujar demográficamente hacia el este en la llamada _Ostsiedlung_ , que básicamente consiste en que algún reyezuelo/warlord eslavo manda reclutadores al oeste y dice “os sobra gente y a mi me sobran tierras, venid a fundar ciudades y a cambio de obediencia y algún impuesto os dejo montaros vuestro chiringuito”. Y así recibe Breslavia el derecho de Magdeburgo. Poco a poco la población eslava rural circundante se germaniza culturalmente (sin ser desplazada, como creen los fachas – las culturas pasan, pero los peones/pringados permanecen), como Silesia forma parte de Austria aquí no dejan entrar a un protestante ni jartos de vino, y ya tenemos todo en su sitio para las guerras de Silesia.
Lo que queremos decir es que al igual que en todas partes, y muy lejos de las fantasías de genocidios tan caras a la historiografía facha medieval, la gente es gente, se adapta a todo y se folla a todo, y cuatro generaciones más tarde les sale un hijo tonto tuiteando sobre la pureza de su sangre germana cuando doce de sus tatarabuelos nacieron a orillas de las marismas del Pripiat.
Mi terapeuta: los neonazis peruanos no existen, ya puedes dejar de reírte.
Los neonazis peruanos:
Vamos, que si todo esto es para no dejar dudas de si Breslavia debe ser polaca o alemana, la respuesta obvia es: Breslavia, y toda la Europa que importa con ella, legítimamente pertenece a los pueblos pre-indoeuropeos, que fueron colonizados por unas gentes que por muy “indoeuropeos” que se llamen deberían volverse corriendo a su hogar ancestral allá por el Donetsk-Caucaso, dejando Europa en manos de una entente vasco-finlandesa, con la presidencia europea rotando cada seis meses entre Ajuria Enea y los estudios de la televisión pública finlandesa. Fin del inciso.
**Continuamos con la serie**
El comisario Franz Podolski, como su apellido indica, es polaco. ¿Mucho polaco? Pues ese Franz en vez de Franciszek parece indicar lo contrario. Su padre llegó como pobre inmigrante a Breslavia para trabajar de carnicero, pero Podolski ya nació allí y se ha abierto camino con talento, arrojo y ambición (y un poquito casarse con una alemana hjia de familia bien, con la que vive en un pisazo _art decó_ muy apañado pero que ni de coña lo pagas con el salario de un comisario). Amigo de sus amigos y apolítico. Bien integrado, como el resto de los Podolski: su sobrino quiere estudiar literatura germana (supongo que cuando vienes del polaco, el alemán te enamora con esa abundancia de vocales), y su cuñada deja clarísimo que ella votó por Hitler, “porque él entiende a la gente común, lo noto en sus discursos”.
“La pobreza y la exclusión social son una lacra para el Reich que queremos edificar.”
Sin embargo, este potencial votante de Ciudadanos arrastra dos maletas complicadas: la primera, es que él y su mujer no logran concebir un bebé. Bueno, el trauma es más de ella, para él es más bien “cojonudo, hará falta más folleteo”. La segunda maleta (y esta ya sí que le impediría la militancia activa en el partido naranja, o al menos eso queremos creer) es su debilidad por la bebida y el juego. Incluso en lo más intenso de una investigación por asesinatos múltiples no se resiste a irse con la delegación polaca a bajarse un par de botellas de vodka y acabar potando en el suelo delante del _Reichsführer SS_ , Heinrich Himmler, que se ha pasado por Breslavia para meter un poco de presión por que se resuelvan estos horrendos crímenes contra los pobres ciudadanos judíos, ts ts, qué vergüenza.
Porque pronto hay otro asesinato con igual ensañamiento, y la víctima también es judía. Aquí la serie parece estar llegando al punto donde estaba yo a los 30 segundos de empezar a verla: que, si eres un psicópata en la Alemania nazi, lo más inteligente que puedes hacer es ir a por los judíos. O alistarte en las SS, que es un poco lo mismo.
Un chiste de la época: Goebbels viaja a EEUU y les dice a los periodistas que si Roosevelt quiere acabar con la Mafia tiene que aprender de Hitler y crear unas SS, y un periodista le replica, “¿Por qué? ¿Es que todos los mafiosos alemanes ya se han metido a Standartenführer?”
Los judíos, en esta fase, ya están siendo atacados por el régimen, pero en puridad las Leyes Raciales tampoco son tan distintas de las leyes de Jim Crow, o de otros arreglos coloniales de la época. Ya hay campos de concentración en Alemania, y en la serie la gente habla abiertamente de ellos, pero aún no son para los judíos, sino para “comunistas y sodomitas”, como el propio Podolski dice abiertamente para amenazar a gente sin ganas de cooperar. Y además, los inminentes JJOO en Berlín deben servir para demostrar lo “buenos” que son los nazis, vamos, gente de orden y obediencia a la ley, y se dan órdenes para que no haya altercados raciales.
**Inciso: el poema de Niemöller**
Metemos otro inciso para hablar del conocido poema de Martin Niemöller, “ _Primero se llevaron a los comunistas, pero como no era comunista no dije nada…_ ”. El poema es a veces citado por gente tirando a derechas (sustituyendo la referencia a los “comunistas” por “socialdemócratas”, _comme il faut_) en el sentido de “siempre hay que resistir gobiernos tiránicos (especialmente cuando no son de derechas) porque si no al final vendrán a por ti”. Pero el sentido del discurso va un poco más allá de eso. Niemöller, pastor protestante, veterano de submarinos en la Primera Guerra Mundial, militante en los _Freikorps_ , y que al principio incluso fue ardiente defensor de la nueva Alemania hitleriana, antisemita y anticomunista, predicaba tras la guerra a unos feligreses en alguna parroquia rural de Hessen que probablemente no tenían mucha simpatía por comunistas, sindicalistas o judíos. No se trata de resistir a la autoridad: se trata de resistir la tentación de usar dicha autoridad contra gente a la que _realmente_ odias. Como tampoco se trata de defender a “los buenos”: Niemöller empezó su poema con los comunistas no porque fuesen los buenos, sino precisamente porque todos sus feligreses estaban de acuerdo en que eran malos.
La razón de que la gente no dijera nada era porque odiaban tanto a comunistas y sodomitas que pensaban que, _oche_ , tampoco pasa nada porque el Estado se “encargue” de esto. Y ese mecanismo, a despecho de toda la retórica libertaria de la nueva derecha, sigue perfectamente en marcha. Vamos, que si hoy le citas a un comentarista facha (¡o incluso a uno del PSOE!) el poema modificado “ _Primero se llevaron a los de Junts, pero como yo no era de Junts no dije nada…_ ” seguramente se ofenda y todo. Que es exactamente a donde Niemöller quería llegar.
“Por ahí todo recto hasta llegar a las duchas.” “Pero…” “No, ya no queda nadie.” “Pero si…” “Y ojito con faltar.”
**La serie, que me lio**
El caso es que el comisario recorre la ciudad, interroga a gente, y nada, que al final se resuelve el caso. Que era una combinación de pornografía y traumas de guerra. Pero lo cierto es que la resolución queda un poco descafeinada, se han sacado un montón de _ex machina_ de la manga, y no queda claro que va a pasar con muchos protas. Que sí, que hay muchos nazis e incluso montan un estreno para _El Triunfo de la Voluntad_ (o igual era la otra peli de Riefenstahl, aunque siendo antes de los Juegos esto sería una incongruencia), y el imitador de Himmler está muy logrado con ese aspecto de curilla, pero a veces no basta con meter nazis para que un producto cultural mejore. Me duele decirlo, ¡pero es así!
**Breslavianos**
**Franz Podolski** : el prota e inspector. Amigo de sus amigos y bla bla bla. Por supuesto, no es nazi. ¿Cómo? ¿Qué eso sería absurdo siendo polaco? Señores: que había una asociación de judíos nazis. Que no hay límites a la estupidez humana. Y Podolski en ese sentido ha llegado a la conclusión que para eso mejor beber y follar, y la política para los que les divierta, a mi no me metas. En cuanto al actor elegido, me encantaría verlo hacer de Hermann Göring, creo que lo haría de muerte.
**Lena Podolski** : la abnegada esposa. O no tan abnegada, ya que en sus ratos libres (que son todos, porque cuando eres de familia rica lo de cotizar da alergia) le gusta ponerse _flapper_ perdida y salir de juerga. Al final le sacan un drama de la chistera: tuvo un niño hace seis años, y sus padres lo metieron en un orfanato lo más lejos posible, en Breslavia. Razón por la que ella vive en esa ciudad, para estar cerca del niño.
**Joachim Podolski** : el sobrino del prota. “Polaco bien integrado”, decíamos – pero resulta que el chaval nos ha salido comunista. Bueno, su madre vota nazi y además lo dice, él es más calladito. Por otra parte, dados los orígenes netamente germanos del marxismo, no podemos dejar de darnos cuenta de que Joachim está, efectivamente, imbuido de ideología germana.
****
**Dra Eissmann** : una psicóloga especializada en enfermedades mentales. Tiene en su despacho una foto de Hitler y otra del insigne judío Sigmund Freud. También es lesbiana (nos lo olíamos desde el momento en que la vimos vestirse como un hombre, es lo que tienen los códigos fílmicos sobre lesbianas).
**Johann Holtz** : el _Sturmbannführer_. Le ha salido un hijo tonto, o más exactamente psicópata. Pero en vez de meterlo en las SA, donde podría dar rienda suelta a sus instintos, lo tiene escondido en casa y enchufado a alguna medicina que le mantiene calmado.
**Los hermanos Barens** : una pareja de hermanos que viven juntos (como me pasé mis ratos mirando el móvil, al principio pensé que eran una pareja gay), uno un condecorado veterano de guerra y el otro el jefe de la policía.
**Valoración**
Me la he tragado entera, y la verdad es que sigo sin saber el porqué de todo: ¿por qué unos polacos hacen una serie sobre una ciudad netamente alemana (en 1936 ciertamente lo era, con su 52% de votos nazis) y que Polonia se embolsó tras la guerra con lo que solo puede calificarse como limpieza étnica? ¿Es porque paga Disney y el que paga, manda? ¿Es porque está totalmente asumido en Polonia que Breslavia siempre fue polaca y hay que mostrar a los malvados nazis afirmando lo contrario, cuasi como demostración? Nada, que no me aclaro.
Sobre el papel, la serie lo tiene todo para enamorarnos: crímenes sórdidos, muchos nazis, historia “complicada” de _Mitteleuropa_. Pero falla un poco. No sé si es el toque Disney o el toque polaco, pero alguien ha decidido que toda esta reconstrucción de época se tiene que poner en valor, y se recrean un poco mucho en la reconstrucción, dándole a todo un toque “hermoso día de verano”, y que se aprecie mucho el color rojo sangre de las banderas del _Reich_. Que sí, que en Chyłka yo me quejaba de que se habían pasado con el filtro del gris, pero aquí se han ido al otro extremo. Y además hay una tendencia a sobre-explicarlo todo. Leí por la Internete que ahora los productores les piden a los guionistas “historias que la gente pueda seguir aunque estén con un ojo en el móvil”. _Second-screen-show le llaman_ , y resulta en tramas muy simples, recapitulaciones al principio de cada episodio, y personajes repitiendo varias veces de manera explícita lo que antes se habría transmitido de manera implícita. No sé si es cierto, pero esta serie da esa sensación.
Y ya al final del todo hay un poco de metraje histórico, Juegos Olímpicos de Berlín, el cabo austriaco pasando revista, y unas leyendas blanco sobre negro en polaco para recordarnos las desgracias de esa guerra y lo malos que eran los nazis. Y aquí ya no sé como sentirme: ¿realmente hay que recordar estas cosas? O bien es una sobre-explicación tediosa e innecesaria… o sí, sí hay que recordarlas hoy en día. Incluso en Polonia, hay que joderse. _Lose-lose_.
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