loading . . . Te recomiendo disfrutar del episodio 541 del podcast Coffee Break: Señal y Ruido [iVoox A, iVoox B; ApplePod A, ApplePod B], titulado “Autopercepción; Envejecimiento; Gatos; Stranger Things”, 15 ene 2026. «La tertulia semanal en la que repasamos las últimas noticias de la actualidad científica. **Cara A:** La frecuencia de las ondas alfa modula cómo percibimos nuestro propio cuerpo (13:00). Cuando el músculo deja de reciclar proteínas por autofagia, el envejecimiento se acelera (41:00). **Cara B:** Los gatos domésticos llegaron a Europa desde el norte de África hace dos mil años (00:00). El multiverso en la serie Stranger Things (42:00). Señales de los oyentes (1:26:00). **Imagen de portada** de Héctor Socas Navarro. Todos los comentarios vertidos durante la tertulia representan únicamente la opinión de quien los hace… y a veces ni eso».
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Como muestra el vídeo participan por videoconferencia, Luisa Achaerandio @LuiAcha / LuiAcha.bsky, Ignacio Crespo @SdeStendhal, Alberto Aparici @CienciaBrujula / @CienciaBrujula.bsky, y Francis Villatoro @eMuleNews / @eMuleNews.bsky / @eMuleNews@mathstodon. Por cierto, agradezco a Manu Pombrol @ManuPombrol el diseño de mi fondo para Zoom; muchas gracias, Manu.
Tras mi presentación, Ignacio nos comenta un artículo en _Nature Communications_ sobre el papel que la frecuencia de las ondas alfa cerebrales desempeñan en cómo percibimos nuestro propio cuerpo. En particular, la _frecuencia alfa individual_ (IAF) del córtex parietal aparece omo un factor determinante en la integración temporal de señales corporales y en la experiencia subjetiva de que un cuerpo o un miembro nos pertenece, lo que en neurociencia se denomina propiedad corporal. El trabajo parte de la hipótesis de que las oscilaciones alfa fijan la ventana temporal de integración, es decir, el intervalo temporal dentro del cual señales procedentes de distintos sentidos se integran como pertenecientes a un mismo evento. A partir de esta idea, los autores muestran que la IAF predice tanto la anchura de dicha ventana como la sensibilidad perceptiva en tareas clásicas de ilusión de la mano de goma y en juicios de simultaneidad visuotáctil. Frecuencias alfa más altas se asocian de manera sistemática con ventanas temporales más estrechas y una mayor sensibilidad perceptiva, mientras que frecuencias más bajas producen el efecto contrario. El estudio aporta además evidencia causal y un marco computacional que vincula la IAF con la incertidumbre sensorial en procesos de inferencia causal multisensorial.
El artículo se apoya en tres experimentos complementarios. En el Experimento 1 (N = 30), se observa una correlación significativa entre la ventana temporal asociada a la propiedad corporal y la correspondiente a la simultaneidad visuotáctil (r = 0.664, p < 0.001), así como entre las sensibilidades perceptivas medidas mediante el índice d′ de la teoría de detección de señales (r = 0.551, p = 0.004). En ambos casos, la ventana temporal resultó más amplia para la propiedad corporal que para la simultaneidad. En el Experimento 2 (N = 46), los registros de electroencefalografía (EEG) revelaron correlaciones negativas robustas entre la IAF parietal, tanto en reposo como durante la tarea, y la anchura de la ventana temporal, tanto para la propiedad corporal (hasta r ≈ −0.65, p < 0.001) como para la simultaneidad visuotáctil. Asimismo, se encontraron correlaciones positivas entre la IAF y la sensibilidad perceptiva. Estos efectos fueron específicos de la frecuencia alfa y no dependieron de la potencia espectral de dicha banda. Finalmente, en el Experimento 3 (N = 30), la estimulación eléctrica transcraneal alternante (tACS) permitió establecer una relación causal: la estimulación a baja frecuencia alfa (8 Hz) ensanchó la ventana temporal (por ejemplo, en la propiedad corporal ≈ 208 ms frente a 165 ms en la condición placebo o sham), mientras que la estimulación a alta frecuencia alfa (13 Hz) la estrechó (≈ 138 ms), con efectos paralelos sobre la sensibilidad perceptiva y tamaños del efecto muy grandes (ηₚ² hasta 0.69).
A partir de un modelo bayesiano de inferencia causal, los autores muestran que la IAF se relaciona de forma directa con la incertidumbre sensorial (σ) asociada a la asincronía visuotáctil (con correlaciones de hasta r ≈ −0.45), y que los efectos de la tACS se explican mejor por cambios en esta incertidumbre que por modificaciones en las probabilidades a priori de una causa común. En conjunto, el artículo establece un mecanismo que relaciona las oscilaciones alfa, la resolución temporal multisensorial y la experiencia del yo corporal, y contribuye de forma sustancial al debate sobre el papel funcional de la IAF. En el futuro serán necesarios estudios que ajusten con mayor precisión la estimulación alrededor de la IAF individual (±1–2 Hz), la extensión del marco teórico a otras regiones multisensoriales, como el córtex premotor, y las posibles aplicaciones clínicas en poblaciones con alteraciones de la integración multisensorial, por ejemplo, en esquizofrenia, donde se han descrito frecuencias alfa más lentas y una mayor dependencia de expectativas perceptivas previas. El artículo es Mariano D’Angelo, Renzo C. Lanfranco, …, H. Henrik Ehrsson, «Parietal alpha frequency shapes own-body perception by modulating the temporal integration of bodily signals,» Nature Communications 17: 53 (12 Jan 2026), doi: https://doi.org/10.1038/s41467-025-67657-w; Ignacio Crespo, «Descubren cómo funciona el mayor engaño de nuestro cerebro», La Razón, 12 ene 2026.
Luisa nos cuenta un artículo en _Nature Metabolism_ que propone que cuando el músculo deja de reciclar proteínas por autofagia, el envejecimiento se acelera. A ella le interesa por sus potenciales aplicaciones en el tratamiento de la sarcopenia, una pérdida de masa y función muscular asociada al envejecimiento. Hay que recordar que los mecanismos moleculares de la autofagia recibieron el Premio Nobel de Química 2016 y el mecanismo de marcaje selectivo mediante ubiquitinas de las proteínas a degradar el Premio Nobel de Química 2004. En el artículo se estudia la autofagia mediada por chaperonas (_Chaperone-Mediated Autophagy_ , CMA) que regula la proteostasis (_protein homeostasis_), el equilibrio entre la síntesis y la degradación de las proteínas, siendo esencial para la función del músculo esquelético.
El estudio propone un mecanismo para explicar sus resultados, basado en la proteína de membrana asociada al lisosoma, LAMP2A (su isoforma A de las tres, A, B y C, que adquiere por _splicing_ alternativo). La LAMP2A es clave en la CMA al ser la puerta de entrada al lisooma, que es el orgánulo donde se degradan las proteínas. Cuando este sistema falla, las chaperonas no pueden completar el proceso y se produce una acumulación progresiva de proteínas; por ejemplo, enzimas de la glucólisis (metabolismo energético) y proteínas asociadas al citoesqueleto de actina. Esta alteración de la proteostasis se traduce en desorganización miofibrilar, desregulación de la homeostasis del calcio intracelular y disfunción mitocondrial. Además, las células madre musculares permanecen en un estado de quiescencia prolongada y no contribuyen de forma eficaz a la regeneración tisular, favoreciendo el desarrollo de una miopatía progresiva. Mediante experimentos en cultivos celulares humanos y en modelos murinos, incluidos ratones con deleción específica del gen Lamp2a en músculo, los autores muestran que la CMA se activa en condiciones fisiológicas como el ayuno, el ejercicio y la regeneración tisular, pero disminuye de forma marcada con la edad y en contextos de obesidad.
El estudio demuestra que la reactivación genética de la CMA, mediante la sobreexpresión de LAMP2A en ratones envejecidos, es capaz de atenuar parcialmente los fenotipos asociados al envejecimiento muscular y mejorar la función contráctil y la integridad estructural del músculo. Este efecto se observa tanto _in vitro_ (con tejido humano) como _in vivo_ (en ratones), pero no se reproduce en situaciones de daño muscular agudo, lo que indica que la CMA es crucial para el mantenimiento a largo plazo del tejido, más que para la respuesta inmediata a la lesión. Aunque el trabajo no identifica todavía un fármaco específico capaz de activar la CMA, sus resultados abren la puerta a estrategias terapéuticas futuras, ya sean farmacológicas o genéticas, dirigidas a modular este mecanismo como una posible vía para retrasar o mitigar la sarcopenia y otras miopatías asociadas a la edad. Luisa considera este estudio como muy prometedor y sueña con una futura estrategia que acabe con la sarcopenia que todas las personas acabaremos padeciendo. El artículo es Olaya Santiago-Fernández, Luisa Coletto, …, Ana Maria Cuervo, «Age-related decline of chaperone-mediated autophagy in skeletal muscle leads to progressive myopathy,» Nature Metabolism 7: 2589-2611 (03 Dec 2025), doi: https://doi.org/10.1038/s42255-025-01412-9; «Age-related muscle wasting tied to cell recycling defect,» EurekAlert!, 03 Dec 2025. Por cierto, la autora principal, Cuervo, es española, aunque investiga en New York.
Alberto nos cuenta un artículo en _Science_ que concluye que los gatos domésticos llegaron a Europa desde el norte de África hace unos dos mil años (cerca del año 1). El origen del gato doméstico (_Felis catus_) ha sido durante décadas un problema abierto, en gran parte por la escasez de datos genómicos antiguos. En Europa se conoce el gato montés (_Felis silvestris_) y durante mucho tiempo se pensó que podía ser el antecesor directo del gato doméstico. Hoy se sabe que el origen del gato doméstico se encuentra en el gato africano (_Felis lybica_), una especie emparentada de forma estrecha con otras poblaciones de gatos salvajes euroasiáticos, todas ellas capaces de hibridar entre sí. Hasta hace poco se hablaba incluso de subespecies dentro de _Felis silvestris_ , lo que refleja lo difusas que son las fronteras biológicas entre estos linajes. En este contexto, el nuevo artículo aporta por primera vez un conjunto de genomas antiguos y modernos que permite reconstruir con mayor precisión la historia evolutiva y geográfica del gato.
El artículo cuestiona una hipótesis muy extendida según la cual los gatos domésticos habrían llegado a Europa junto con los primeros agricultores neolíticos, procedentes del Creciente Fértil y atravesando Anatolia. Esta idea se apoyaba, entre otros argumentos, en la presencia de linajes genéticos africanos en gatos europeos antiguos, interpretados como señal de una temprana domesticación asociada a la agricultura. Sin embargo, el nuevo análisis genómico muestra que muchos de esos gatos neolíticos y calcolíticos de Anatolia y el sureste europeo no eran gatos domésticos, sino gatos monteses europeos con distintos grados de hibridación antigua con gatos africanos, un proceso que pudo producirse de manera natural, sin intervención humana directa. La hibridación no implica domesticación. De hecho, los datos genéticos no muestran la presencia de gatos domésticos en Europa hace más de unos 2000 años. Por tanto, la expansión del gato doméstico por Europa es un fenómeno mucho más tardío.
Según el artículo, la llegada del gato doméstico a Europa se produce en torno al cambio de era (año 1), coincidiendo con la expansión romana y con intensas redes comerciales y culturales en el Mediterráneo. Los autores identifican al menos dos oleadas distintas: una primera, anterior, en la que gatos monteses norteafricanos llegaron a lugares como Cerdeña en el primer milenio a.e.c., que parece asociada a contactos fenicios tempranos; y una segunda oleada, posterior, responsable del acervo genético de los gatos domésticos europeos actuales. Alberto destaca que este patrón recuerda a la llegaeda del _Homo sapiens_ : aunque hubo salidas tempranas de África, la población que acabó dejando una huella genética duradera en Europa fue la última oleada.
El artículo no resuelve la pregunta de dónde ni cuándo se produjo la domesticación inicial del gato. La limitación más relevante es la extrema escasez de genomas antiguos del norte de África, y en particular de Egipto, una región cuya cultural está asociada al gato, pero que está ausente en los datos genómicos disponibles. Lejos de cerrar el debate, el nuevo artículo redefine las preguntas: la domesticación del gato parece haber sido un proceso largo, poco dirigido y distinto del de otros animales como el perro, más compatible con una convivencia flexible ligada al control de roedores que con una selección artificial intensa. Como conclusión general, el artículo desplaza el foco desde la agricultura neolítica hacia el Mediterráneo histórico y deja claro que comprender la domesticación del gato requerirá muchos más genomas africanos y una integración cuidadosa de genómica, arqueología y cultura. El artículo es M. De Martino, B. De Cupere, …, C. Ottoni, «The dispersal of domestic cats from North Africa to Europe around 2000 years ago,» Science 390: adt2642 (27 Nov 2025), doi: https://doi.org/10.1126/science.adt2642; más información en «Ancient DNA reveals a North African origin and late dispersal of domestic cats,» EurekAlert!, 27 Nov 2025.
Dado que Alberto estaba esperando una visita en cas y se iba a marchar temprano, adelanté algunas preguntas sobre gatos en el chat de Youtube. **@ThomasEmilioVilla pregunta:** «¿El gato africano en Cerdeña entró con los cartaginienses entonces?» **Alberto contesta que** no, la cronología de los datos genómicos apunta a una introducción anterior a la etapa cartaginesa, que encaja mejor con contactos fenicios tempranos que con una llegada tardía atribuible a Cartago. Con la evidencia disponible no puede asignarse con total seguridad a un actor histórico concreto (fenicios, púnicos o romanos). Hacen falta más genomas y más contextos arqueológicos para precisar la ruta y el momento exactos.
**@ThomasEmilioVilla pregunta:** «¿Es coincidencia que los gatos llegan a Europa justamente cuando empiezan a haber cosas que tirar del borde de la mesa?» Tras provocar sonrisas, **Alberto contesta que** puedo que sí, la coincidencia resulta tentadora. Podría decirse que las cosas dignas de ser empujadas al suelo empiezan, más o menos, con Julio César y el mundo romano. Más allá de la broma, lo cierto es que la expansión del gato doméstico coincide con un aumento de la vida urbana, del mobiliario doméstico y de los espacios humanos donde los gatos encuentran alimento, refugio y oportunidades para ejercer su proverbial curiosidad.
**@ThomasEmilioVilla pregunta:** «¿El ronroneo de _Felis catus_ puede influir en la frecuencia de las ondas alphas?» **Ignacio contesta que** no hay evidencias científicas sólidas de que el ronroneo del gato tenga un efecto específico sobre la frecuencia de las ondas alfa en los electroencefalogramas. Cualquier estímulo (sonidos, compañía, contacto físico o un entorno relajado) puede influir de algún modo en la actividad cerebral, pero no porque se trate de un ronroneo en sí mismo, sino por el contexto de calma y bienestar que lo acompaña. **Yo comento que** los gatos se utilizan con frecuencia en residencias de personas mayores y en contextos terapéuticos informales, donde aportan compañía, calor y favorecen la movilidad y la interacción social. Sin embargo, aunque todo ello puede tener efectos positivos sobre el estado emocional y el bienestar general, no existen indicios fiables de que el ronroneo posea propiedades curativas específicas o efectos directos demostrables sobre las ondas alfa. **Luisa recuerda** el reciente libro «Te receto un gato» (2025) de Syou Ishida (traducido por Víctor Illera Kanaya) y comenta que “te receten un gato” puede ser una magnífica recomendación para mejorar la calidad de vida (ella tiene dos gatos en su vida), pero no debe confundirse con un tratamiento neurofisiológico en sentido estricto.
A sugerencia de Luisa cuando estábamos preparando los temas, me toca hablar de la física del multiverso en la serie _Stranger Things_ de Netflix, al hilo de una pieza publicada en _Nature_ por Jenna Ahart, «Are we living in a parallel universe? The strange physics of Stranger Things. Nature speaks to theoretical physicists to explore the real theories that inspired the hit series. Warning: contains spoilers,» Nature (19 Dec 2025), doi: https://doi.org/10.1038/d41586-025-04088-z; ya hubo otras similares en el pasado, como Corey Mueller, «‘Stranger Things,’ Parallel Universes, And The State Of String Theory. A conversation with theoretical physicist Brian Greene,» Popular Science, 10 Aug 2016. Debo confesar que no he visto la serie y Alberto comenta que solo ha visto la primera temporada; así que los físicos en la tertulia no podemos hablar en primera persona. Por fortuna, tanto Ignacio como Luisa han visto las cinco temporadas. Ellos nos aclaran que estaba dirigida a un público joven, pero que ha tenido un gran éxito transversal, por sus personajes femeninos e infantiles, y por una estética muy cuidada que remite a la cultura popular de los años ochenta.
La física aparece de forma forzada, más como recurso narrativo que como intento serio de divulgación científica (Alberto recalca que no es una serie de ciencia ficción _hard_). La serie y, en especial, la quinta y última temporada incorporan conceptos de la física moderna. Ignacio nos plantea un _spoiler_ (no sigas leyendo si no te gustan los destripes). **[Inicio spoiler]** _Aparece en la serie un profesor de Física que afirma entender lo que pasa en la serie desde el punto de vista de la idea del multiverso. Se mezclan dos conceptos de multiverso, la noción cosmológica de universos paralelos (universos burbuja) y la interpretación de los muchos mundos de Everett para la mecánica cuántica. En la narración ambas se fusionan como si fuesen lo mismo. En la trama, el personaje de Eleven destierra al villano, Vecna, a “otro mundo”. Parece otro planeta que podría estar en otro universo, o en una región de nuestro propio universo más allá del horizonter cósmico. Más adelante, ese mundo queda conectado con la Tierra mediante una especie túnel de gusano, que en la serie se llama de puente de Einstein–Rosen; se afirma que está mantenido abierto gracias a materia exótica, que en la serie se manifiesta derritiendo las paredes de un laboratorio, generando esferas de materia oscura y permitiendo transiciones físicas entre ambos mundos. El interior de ese supuesto agujero de gusano sería el famoso Mundo del Revés (Upside Down), una idea atractiva a nivel visual, pero inverosímil desde un punto de vista físico._ **[Fin spoiler]**
_Stranger Things_ no pretende ser un documental de física, sino una historia de aventuras con monstruos, amistad y nostalgia, donde la ciencia sirve sobre todo para dar un barniz de plausibilidad a un universo fantástico. El Mundo del Revés aparece gobernado por el villano, Vecna, como una versión deformada y congelada en el tiempo de nuestro propio mundo. Alberto pregunta a Ignacio si tiene su propia “ecología” o si es una copia de un instante concreto de la realidad. Ignacio contesta que está poblado de múltiples criaturas, como los Demogorgon, funcionando como un ecosistema coherente, en el que incluso parece haber plantas. Sin embargo, para la serie es solo un decorado narrativo al servicio del terror. La serie usa los conceptos físicos como metáforas dramáticas, olvidando el rigor científico.
**@JavierBenavides2669 solicita:** «Dicen que hay 4 o 5 tipos de multiversos, ¿nos los podíais contar?» Recojo el guante para recomendar mi artículo «Multiversos» (pp. 148-157) en «Enigmas de la Física. Explorando la naturaleza del universo», MUY Interesante, Edición Coleccionista, Núm 49 [ZinetMedia Papel, Digital]. Por cierto, también se incluye mi artículo «La antimateria» (pp. 20-27). Aprovechando la ocasión resumo la taxonomía del multiverso propuesta en 2003 por Max Tegmark (en un artículo de _Scientific American_) en cuatro niveles (que no son observables, luego son ciencia especulativa).
El multiverso de nivel I parte de las observaciones del fondo cósmico de microondas por el satélite Planck de la ESA, que indican que la geometría espacial del universo observable es plana, con una curvatura compatible con cero (Ωₖ = 0.0007 ± 0.0019). Un universo plano no tiene que ser infinito; puede ser compacto y finito si su topología es no trivial. La inflación cósmica predice un universo muy grande, pero finito, generado por una fluctuación cuántica con energía finita del campo inflatón. En este escenario, más allá del horizonte observable existirían múltiples regiones causales con las mismas leyes físicas que constituyen el multiverso de nivel I. Las futuras observaciones de ultraprecisión del CMB podrían ayudar a estimar la curvatura exacta del espacio y el tamaño total de este universo extendido.
El multiverso de nivel II aparece en los modelos de inflación eterna, donde las fluctuaciones cuánticas del inflatón generan de forma continua universos burbuja causalmente desconectados entre sí. Aunque esta idea se presenta a menudo como una consecuencia genérica de la inflación, no existe ningún indicio observable que permita confirmar la existencia de otros universos burbuja, lo que ha suscitado un intenso debate sobre su falsabilidad. Hay que recordar que la cosmología de precisión actual favorece modelos inflacionarios sin inflación eterna y sin multiverso. Más radical aún es el multiverso de nivel III, asociado a la interpretación de los muchos mundos de Everett, en la que la función de onda del universo evoluciona de forma determinista y las bifurcaciones cuánticas dan lugar a múltiples realidades paralelas sin colapso de la función de onda. Finalmente, Tegmark propuso un multiverso de nivel IV, de inspiración platónica, en el que todas las estructuras matemáticamente coherentes existirían físicamente. Esta última idea ha tenido poco eco entre los físicos, pero su clasificación sigue siendo una referencia habitual cuando se discute el multiverso, una noción que oscila entre la frontera de la física teórica y la especulación filosófica.
Ondas alfa en reposo. Fuente: Neuropsychologia (2020), doi: https://doi.org/10.1016/j.neuropsychologia.2020.107456.
Y pasamos a Señales de los Oyentes. **@manololaza pregunta:** «¿Influyen las ondas del sueño [en el estudio publicado sobre ondas alfa y límites del cuerpo]? Soñando que te tropiezas das un «respingo», por ejemplo». **Ignacio aclara que** no se ha analizado ese aspecto. El artículo se centra de forma exclusiva en las ondas alfa en regiones concretas del cerebro durante tareas perceptivas en vigilia, y no aborda los cambios neurofisiológicos propios del sueño, donde intervienen otras frecuencias y patrones de actividad. Por supuesto, se abren múltiples líneas futuras de investigación, desde estudios durante el sueño, hasta posibles aplicaciones clínicas. En particular, los autores mencionan la esquizofrenia como un ámbito de interés, aunque con cautela: se trata de un conjunto muy heterogéneo de patologías, y aunque algunos estudios describen alteraciones o predominio de ondas alfa en ciertos pacientes, las conclusiones son todavía muy difíciles de establecer. Aun así, la conexión entre oscilaciones alfa, integración sensorial y delimitación entre el cuerpo y el mundo resulta muy sugerente.
La discusión deriva entonces hacia el concepto del yo y su posible base neurofisiológica. **Ignacio señala que** numerosos testimonios asociados al consumo de psicotrópicos o enteógenos describen una experiencia de “disolución del yo”, en la que se difuminan los límites entre uno mismo y el entorno, dando lugar a la sensación de ser “uno con el mundo”. Estudios electrofisiológicos muestran que estas sustancias suelen ir acompañadas de una reducción de la actividad alfa en ciertas regiones cerebrales, lo que podría relacionarse con una menor capacidad para discriminar el tiempo y separar estímulos sensoriales. Aunque estas experiencias se han utilizado a menudo para defender interpretaciones idealistas o místicas de la realidad, **Ignacio y Alberto subrayan que** ello no implica acceso a una “realidad superior”, sino que puede entenderse mejor como un cambio en la percepción, incluso como una forma de alucinación, asociado a la alteración de los mecanismos normales de integración sensorial y de ponderación de creencias previas. En este sentido, el artículo ofrece un marco explicativo que permite comprender estas experiencias sin necesidad de recurrir a conclusiones ontológicas fuertes, reforzando una interpretación neurocientífica y crítica del fenómeno.
**@ThomasEmilioVilla pregunta:** «¿Qué relación hay, si es que hay alguna, entre las chaperonas y la longitud de los telomeros? (perdonen si la pregunta es muy tonta, no se nada de fisiologia)». **Luisa responde que** , hasta donde ella sabe, no existe una conexión directa entre ambos procesos. Los telómeros actúan como “caperuzas” protectoras de los cromosomas y su mantenimiento está regulado por enzimas específicas, como las telomerasas, así como por señales celulares propias, no por chaperonas. Estas últimas participan en otros ámbitos del envejecimiento celular, en particular en procesos muy concretos de autofagia selectiva y control de proteínas mal plegadas o agregadas, asociadas a motivos específicos, pero no en la regulación directa de los telómeros, que pertenece a un sistema molecular distinto dentro del amplio y complejo universo de proteínas celulares.
**@CristinaHerGar pregunta:** «¿Supongo bien si pienso que estas medicinas reparadoras [de la sarcopenia] en ancianos pueden corregir dolencias relacionadas con otros fármacos y [pueden] acabar reduciendo [el número total de] medicamentos?» **Luisa cree que** sí y se muestra optimista. Desde su perspectiva sanitaria, señala que gran parte de la medicina actual se ha centrado en tratar síntomas más que causas, lo que conduce a la acumulación de medicamentos sin abordar el origen real de los problemas. En ese sentido, una medicina orientada a los mecanismos de fondo, como la pérdida de masa y función muscular, podría permitir modular mejor el organismo, prevenir dolencias asociadas y, a priori, reducir la polimedicación. Esta aproximación encaja con el ideal de una medicina más personalizada, capaz de ajustar tratamientos a las necesidades reales del paciente en lugar de aplicar soluciones genéricas “a cañonazos”.
**Ignacio coincide** en lo esencial, pero introduce matices importantes para evitar simplificaciones. Recuerda que la medicina basada en síntomas no es fruto de la desidia, sino de la enorme complejidad fisiopatológica de las enfermedades, del conocimiento limitado disponible hasta fechas recientes y de condicionantes sociopolíticos como la distribución de recursos, el tiempo por paciente o las condiciones de trabajo del personal sanitario. A ello se suma un modelo de investigación biomédica fuertemente influido por la rentabilidad económica y las patentes, que puede desincentivar el desarrollo de terapias muy precisas y costosas, como ilustra el caso de tecnologías avanzadas tipo CRISPR. **En conjunto, ambos** coinciden en que avanzar hacia una medicina más causal y personalizada es deseable, pero exige no solo progreso científico, sino también cambios estructurales en la organización, financiación y objetivos del sistema sanitario y de la investigación biomédica.
La (supuesta) red humana de neuronas espejo. Fuente: Joshua Sariñana, SciArt.
**@marianocognigni3603 pregunta:** «En el experimento de la mano de goma, ¿están implicadas las neuronas espejo? **Ignacio señala que** el artículo no menciona las neuronas espejo y aprovecha para subrayar que se trata de un concepto controvertido, que en su momento tuvo gran impacto pero que hoy se interpreta con mucha más cautela. Aunque existen redes neuronales que se activan tanto cuando realizamos una acción como cuando observamos a otra persona realizarla, esto solo constituye un correlato neuronal de la observación de la acción, no una explicación directa de procesos complejos como la empatía. Por ese riesgo de sobrerinterpretación explicativa, **Ignacio evita** recurrir a las neuronas espejo en su divulgación, ya que describen patrones de activación pero no explican por sí mismas fenómenos psicológicos de alto nivel; en cualquier caso, aclara que en el experimento de la mano de goma analizado en el artículo este concepto no está implicado ni citado.
**@manololaza pregunta:** «¿Tiene [algo] que ver la autofagia con los radicales libres?» **Luisa contesta que** los radicales libres son moléculas altamente reactivas que se generan de forma inevitable a nivel celular, incluso como consecuencia normal de la respiración, y que contribuyen al daño y la inestabilidad celular. Este deterioro puede afectar a estructuras clave, como los receptores lisosomales implicados en la autofagia, y dificultar que el proceso se lleve a cabo de manera eficaz. Desde este punto de vista, existe una relación funcional clara entre la producción de radicales libres y la necesidad de mecanismos de autofagia, que actúan como sistemas de limpieza y mantenimiento celular indispensables para contrarrestar el daño oxidativo. Aunque el artículo no aborda esta conexión, desde una perspectiva biológica y evolutiva, la autofagia es un mecanismo imprescindible para sostener la vida en un entorno donde la oxidación es inevitable.
**@ThomasEmilioVilla pregunta:** «La falta de autofagia de celulas «viejas» es lo que produce entonces el envejecimiento? Y también, ¿cuando se acumula en la piel produce las arrugas?» **Luisa aclara que** el artículo se centra en la sarcopenia, donde el envejecimiento implica que determinados mecanismos celulares dejan de funcionar con la misma eficacia, lo que conduce a la acumulación de “basura” celular y desencadena una cascada de efectos que incluyen inflamación y deterioro funcional del tejido muscular. Sin embargo, subraya que este proceso no puede extrapolarse sin más a otros fenómenos del envejecimiento, como la aparición de arrugas en la piel, que se relacionan sobre todo con la pérdida de sustentación estructural, por ejemplo del colágeno, y con daños inducidos por factores externos como la radiación. Desde un punto de vista molecular, la autofagia mediada por chaperonas actúa de forma muy específica sobre proteínas concretas y motivos determinados, de modo que los mecanismos de limpieza celular y los receptores implicados pueden variar según el tejido y el proceso biológico considerado.
**@will2rein pregunta:** «Estaría bueno recordar qué es un haplotipo». **Alberto** … ciertas variantes genéticos que definen linajes en árbol filogenético. **Luisa** cuenta células haploides y diploides… nos habla de haplotipos … **Contesto** haplotipo es un conjunto de variantes genéticas (alelos) que se encuentran próximas entre sí en un mismo cromosoma y que tienden a heredarse juntas de una generación a otra. Luisa, Alberto … Ignacio… comenta bloques genes/variantes que se heradan juntos… parte del haplotipo.
**Alberto contesta que** un haplotipo puede entenderse, de forma general, como un conjunto de variantes genéticas que permiten identificar linajes dentro de un árbol filogenético. **Luisa introduce** la base biológica del concepto recordando la diferencia entre células diploides, que contienen toda la carga genética (46 cromosomas en humanos), y células germinales haploides, que tienen solo la mitad (23 cromosomas). Es en estas células haploides donde se pueden seguir con claridad determinados linajes hereditarios, como el materno a través del ADN mitocondrial o el paterno a través del cromosoma Y, que se transmiten de forma casi intacta y permiten estudiar derivas genéticas a lo largo de generaciones.
**Francis e Ignacio completan** la explicación subrayando que, aunque compartimos los mismos genes, lo que nos diferencia son las variantes concretas (polimorfismos de un único nucleótido o SNPs, inserciones o deleciones, y otras variantes) que aparecen en nuestro ADN y que suelen heredarse en bloques. Durante la meiosis la mayoría de los cromosomas se recombinan, mezclando material genético de ambos progenitores, pero algunas regiones se recombinan poco o nada, lo que hace que ciertas variantes viajen juntas de generación en generación formando un haplotipo. Esta herencia en bloque explica por qué algunos rasgos tienden a aparecer asociados y es la base para utilizar los haplotipos como herramientas para el rastreo de linajes, poblaciones y procesos evolutivos.
**@adamcecau bromea con un chiste:** «¿Qué papel juegan los cromosomas? Es por ellos que somos «cromo somos»? (No me echen, no tengo amigos)». **Luisa bromea que** «el espíritu de Héctor ya está aquí».
Fuente: «Being and Becoming in Modern Physics», Stanford Encyclopedia of Philosophy (2001) [web].**@Roqjose pregunta:** «Disculpen si la pregunta es demasiado filosófica, pero ¿les parece más adecuada la explicación eternalista o la presentista del paso del tiempo? Saludos desde Argentina». **Ignacio resume** esta discusión filosófica clásica sobre la naturaleza del tiempo. Desde la ontología del tiempo, suele distinguirse entre teorías A, B y, de forma más marginal, C. El presentismo (teoría A), la idea de que solo existe el presente, es intuitivo pero ingenuo, pues entra en tensión con resultados bien establecidos de la física; en particular, en la relatividad el concepto de “presente” depende del observador. Por ello, señala que muchos filósofos materialistas se inclinan por el eternalismo (teoría B), según el cual pasado, presente y futuro tienen el mismo estatus ontológico, una posición que encaja mejor con la relatividad y con ciertas interpretaciones físicas del tiempo, aunque no esté exenta de problemas conceptuales.
**Alberto aporta una** perspectiva más física al señalar que, desde su intuición, lo que claramente “existe” es el cono de luz del pasado, es decir, los acontecimientos que han podido influir causalmente en nosotros, mientras que el presente resulta resbaladizo por su dependencia del observador. Esto le lleva a simpatizar con una visión intermedia donde el tiempo se va “construyendo” como una estela o cometa: el presente avanza, pero el pasado permanece. **Ignacio matiza que** esta posición podría parecer cercana a las teorías de tipo C, pero, en realidad, es muy próxima al eternalismo, ya que aceptar múltiples presentes relativos conduce de forma casi inevitable a asumir que el futuro también “está ahí” de algún modo. La discusión concluye señalando que el eternalismo puede ser compatible con ciertas formas de determinismo, aunque no con el superdeterminismo, y que, en conjunto, el problema del tiempo sigue siendo un terreno fértil y abierto donde filosofía y física se entrelazan sin respuestas definitivas.
**@ThomasEmilioVilla pregunta:** «¿Qué opinan del argumento «qué se siente en ser un murciélago» de Thomas Nagel?» **Ignacio recuerda que** este argumento es una crítica al monismo psicofísico y a la posibilidad de reducir la conciencia a términos puramente materiales. Nos explica que el núcleo del argumento es la supuesta irreductibilidad de la experiencia subjetiva: por mucho que conozcamos la biología, el sistema nervioso o el comportamiento de un murciélago, nunca sabremos cómo es vivir siendo uno. Desde su perspectiva materialista, considera que este razonamiento incurre en una petición de principio, ya que da por sentado aquello que pretende demostrar (que la experiencia subjetiva no puede explicarse materialmente) y, por tanto, no resulta concluyente. Argumentos relacionados, como los zombis filosóficos, tampoco le convencen: si dos sistemas son idénticos en su constitución física y en sus relaciones causales, deberían compartir también las mismas propiedades emergentes, incluida la experiencia consciente.
El debate se amplía hacia una cuestión más de fondo, qué entendemos exactamente por “material”. **Luisa señala que** muchas de estas discusiones parecen depender, en última instancia, de si uno es materialista o no desde el principio, mientras que **Ignacio subraya que** existen materialismos muy diversos, algunos incluso más alejados de ciertas intuiciones comunes que determinados idealismos. El problema es que muchos argumentos descansan en lo que “parece concebible”, cuando nuestra intuición es poco fiable para fenómenos complejos. Además, identificar lo material con lo puramente tangible o físico, una postura fisicalista estricta, está hoy bastante superado, en especial desde que aceptamos entidades como los campos cuánticos. **Ignacio propone** una noción más amplia de materialismo, considerar material todo aquello que es mutable, capaz de intercambiar energía y, por tanto, susceptible de ser investigado de forma experimental. Desde esta perspectiva, buena parte de los problemas clásicos del dualismo psicofísico podrían ser, en realidad, problemas mal planteados de definición más que evidencias a favor de una mente no material.
**@sergioquint9102 pregunta:** «¿Hay alguna teoría sobre la conciencia [que indique] dónde radica en nuestro cerebro?» **Ignacio subraya que** , desde la neurociencia contemporánea y muchas posiciones materialistas, no se entiende la conciencia como algo localizado en una región concreta del cerebro, sino como un fenómeno deslocalizado, ligado a la actividad coordinada de múltiples redes neuronales. Nos explica que, cuando pensamos o imaginamos algo, por ejemplo, un triángulo, no existe un “triángulo” almacenado físicamente en el cerebro, aunque sí pueden identificarse patrones de activación en áreas como el córtex visual que correlacionan con esa experiencia. Esto ilustra la distinción entre el correlato neuronal de una experiencia y la experiencia subjetiva en sí, una diferencia que reaparece en debates clásicos como el del murciélago de Nagel. Lo que sí sabemos con bastante seguridad es que las experiencias conscientes tienen correlatos identificables, pero estos no se reducen a una región única, sino a conexiones distribuidas a lo largo del cerebro.
**Yo comento** la idea de un “foco consciente”, según la cual múltiples procesos cerebrales operan en paralelo, pero solo algunos entran en ese foco que construye el relato consciente y guía la información que se almacena en la memoria. **Ignacio matiza que** esta idea es compatible con una visión deslocalizada si entendemos la conciencia no como una entidad, sino como un proceso dinámico, un conjunto de cambios que emergen de la interacción entre redes cerebrales. Desde esta perspectiva, hablar de conciencia implica evitar reificarla, tratarla como una cosa, y reconocer que su “ubicación” depende de cómo la definamos, ya que, como proceso distribuido, estará deslocalizada; como emergencia ligada a ciertos nodos clave, puede asociarse a focos funcionales específicos.
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